Planificación Urbana
No obstante, el hecho de que exista y muestre los traslapes con el instrumento de planificación urbana estratégica –por ejemplo participación, horizontes de largo plazo, toma de decisiones en forma integrada, institucionalidad– sugiere que tienen mucho en común. Tal vez el traslape más destacable es el pensamiento intergeneracional o pensamiento de futuros.
La planificación de ciudades con horizonte de a los menos veinte años se contrasta con las experiencias más tradicionales de planificación de cinco o diez años que sugiere una asociación más cercana a las económicas de comando soviéticas que a las sociedades democráticas del siglo XXI.
El concepto de equidad es también relevante. La inclusión social, la participación, el aprendizaje social, las redes y el diálogo son todos modus operandi contemporáneos para alcanzar futuros urbanos más equitativos y, por ende, espacios urbanos más democráticos. Es solamente cuando este concepto está integrado en las conceptualizaciones contemporáneas de la ciudad del futuro que la ciudad moderna, competitiva, generalmente conflictiva (tanto intra como interurbana) puede ser transformada en la ciudad más cooperativa y colaborativa (inter e intraurbana).
Construcción compartida para generar un cambio
A través del énfasis en los objetivos compartidos, las responsabilidades compartidas y las oportunidades compartidas, debe ser posible caminar hacia un fortalecimiento de la sustentabilidad urbana para mejorar las calidades de vida actuales y futuras. La planificación estratégica tiene un rol clave en esta transformación.
La necesidad para el pensamiento de largo plazo y la generación de visiones compartidas para las ciudades es un inherente de la planificación contemporánea. En el mismo sentido que la planificación estratégica es central para las actividades del sector privado, también lo es para las autoridades públicas que buscan evitar conflictos y promover participación y consenso de formas y gestión urbanas.
La construcción desde objetivos futuros deseados hacia la toma de decisiones de mediano y corto plazo parece ser un enfoque planificado y normativo para equilibrar las complejidades de las demandas, riesgos y situaciones diversas que se presentan en los urbanos modernos. Esto contrasta con los roles facilitadores y regulatorios de muchas administraciones urbanas que perciben sus roles como reacciones a las intervenciones de un rango amplio de actores, a través de la fiscalización de instrumentos legales.
Una posición más proactiva respecto a los objetivos de calidad de vida en el largo plazo, y cómo se traducen en reestructurar paisajes y prácticas, surge como la tendencia contemporánea para las autoridades metropolitanas que buscan evitar las experiencias costosas y traumáticas de los conflictos urbanos, mientras al mismo tiempo toman en cuenta los deseos de una base amplia para los futuros urbanos de calidad de vida.
Sugerir que este cambio en pensamiento es una forma más fácil de conceptualizar y gestionar los espacios urbanos sería erróneo. No obstante, ofrece un campo de acción que complementa actividades existentes y brinda proyecciones y escenarios de largo plazo sobre los cuales la gente puede contestar las estrategias y opciones del desarrollo urbano, y alcanzar un consenso participativo.




La Tecnología en los servicios municipales, la visión sobre las Universidades y la Infraestructura necesaria para la Cultura y Centro de Negocios, son aspectos que la Municipalidad de Santiago tiene contemplados en sus Estrategias Sectoriales.
